Texto de Pilar Marcos, directora de la revista Diseño Interior, a propósito de la publicación de este website, para mi candidatura a los Premios Nacionales de Diseño.

Ramón Úbeda se cruzó en mi camino a finales de los 90, cuando yo enfocaba mi trabajo como periodista hacia las publicaciones de Diseño y Arquitectura, y él empezaba a colaborar con una de las empresas de referencia del diseño español, BD Ediciones de Diseño (actualmente Barcelona Design). Fue en una feria, por supuesto. Por entonces yo no sabía que iba a ser en estos eventos donde, casi como en una cita, nos íbamos a estar viendo dos o tres veces al año, ¡durante 25 años! En cada encuentro, yo sacaba el block de notas. Ramón siempre tenía una opinión, una reflexión, una dirección a la que orientar el ansioso foco con el que recorro las ferias. Unas veces me ha ayudado a distinguir entre lo efímero y lo perdurable; otras ha compartido conmigo la experiencia de hacer el diseño desde dentro de la empresa o de sacar adelante proyectos trabajando en colaboración con diseñadores de todo el mundo; pero, sobre todo, me ha descubierto –y a través de mí a los lectores de mi revista, Diseño Interior– el talento emergente donde quiera que se encontrara; creadores, hasta entonces poco conocidos, en los que él ya veía a las estrellas en que luego se han convertido: desde Jaime Hayon a Neri&Hu, Alfredo Häberli, Ross Lovegrove, Konstantin Grcic, Doshi Levien o los Hermanos Campana, Ramón creyó en ellos antes que nadie.

Pocos saben tanto como él y de pocos sabemos tan poco. Menos mal que ahora ha tenido el confinamiento para dedicarse un poco de tiempo a sí mismo y ha compilado una web con sus trabajos de últimos 35 años. Un recorrido por ella es un apasionante viaje por la historia del diseño en nuestro país. Como dice mi colega Marcel Benedito, debería ser asignatura obligatoria en las escuelas.

Pero, ¿cómo se forja tipo así? Un personaje que es a la vez visionario, crítico, activador, posibilitador, ejecutor, comunicador y creativo del diseño no sale de ninguna escuela. Estamos delante de un self-made man de libro en el que se da una curiosa paradoja: es aprendiz, pero también maestro. Digo aprendiz no porque no sepa, sino porque su curiosidad y su actitud de permanente búsqueda y constante observación son más propias de quien está ansioso por aprender que de quien quiere dar lecciones. Y eso que también las da, aunque no lo pretenda. Le sale de manera natural por la generosidad de compartir lo que sabe. Tiene un ojo crítico formado en años dedicados a la comunicación del diseño desde dos de las publicaciones más prestigiosas de los 90′, De Diseño y ARDI, de las que era responsable. Escoltado por otros “activistas”, como Juli Capella y Quim Larrea, se estrenó en el diseño profesional desde la barrera. Su trabajo entonces era ver, juzgar y comunicar, y lo hacía con una pluma certera y un diseño gráfico rompedor para la época, consciente de que la comunicación va mucho más allá de las palabras. Con la libertad que da trabajar en medios independientes, todo lo que vio, lo valoró y, bueno o malo, lo contó sin pelos en la lengua, como hace siempre, aprendiendo tanto de lo uno como de lo otro. Ese conocimiento acumulado pugnaba por salir por otras vías más allá de los medios y hubo grandes empresas, tan visionarias como él mismo, que rápidamente se dieron cuenta del potencial y lo quisieron para sí. Superada la etapa del “ver y juzgar”, había llegado el momento de saltar al ruedo y mojarse; actuar no como testigo o crítico del diseño sino como agente activador del mismo. Desde dentro, como Art director o consultor, Ramón ha ayudado a construir y consolidar lo que hoy son BD, Camper y Metalarte, todas ellas reconocidas con el Premio Nacional de Diseño, como Andreu World, donde está realizando una labor editorial no menos destacable. En esta etapa, que felizmente continúa, sigue siendo aprendiz y maestro, absorbiendo conocimiento y volcando todo el acumulado en ayudar a las compañías a enfrentar retos futuros.

Por si le quedaba un desafío pendiente, también ha dado el paso definitivo que supone materializar esa experiencia en sus propias creaciones. No conozco a nadie que desde la comunicación y la crítica del diseño haya dado el salto para colocarse al otro lado de la red y someter sus creaciones al escrutinio ajeno. Al revés, sí, pero es mucho menos arriesgado. Su trabajo es ahora objeto del análisis de otros y, a pesar de que crítica y público le han sonreído, cuando le ha tocado hablar de sí mismo, lo ha hecho con la sencillez del aprendiz que tiene siempre, aunque ahora estuviera ejerciendo de maestro. / PM