Artículo sobre la faceta de Salvador Dalí como diseñador y la historia del Salivasofá publicado en El País Semanal (12/9/2004).

Los funcionarios del registro de Patentes y Marcas de París se sorprendieron mucho al encontrar entre viejos expedientes el diseño surrealista de un banco para exterior. La sorpresa no se produjo porque fuera un diseño extraño, que en esos lugares los ven a diario, sino porque el titular del registro, fechado en 1933, era Salvador Dalí. Como casi todo el mundo, los funcionarios parisinos desconocían que Dalí también tuviese una faceta como diseñador. La desarrolló durante los años 30, cuando vivía en la capital francesa y se rodeaba de un círculo de amigos variopinto, relacionados con el arte pictórico pero también con otras artes aplicadas. Entre esos amigos figuraba un conocido mueblista y decorador de la época llamado Jean-Michel Frank.

A la incontinencia creativa que siempre lucía el artista se le sumaba entonces la necesidad que tenía de conseguir dinero para subsistir, por lo que no dudó en probar suerte dentro del mundo del diseño vendiendo sus invenciones. Encontró el vehículo ideal en Jean-Michel Frank, que era un apasionado confeso de las formas dalinianas. Para su amigo francés llegó a llenar cuadernos enteros con proyectos de mobiliario, entre ellos las lámparas Bracelli, Cajones y Muletas, el vis-à-vis Dalí de Gala y el tirador Rinoceróntico, aunque nunca se llegaron a realizar. Dalí, que trabajó también con personajes como Schiaparelli y Chanel en el campo de la moda, llegó a hacer casi de todo, griferías, manubrios, estampados y muchos otros objetos de uso más impreciso, casi siempre extravagantes, como por ejemplo una cama equipada con un par de brazos articulados inspirados en la imagen de un dios oriental. Ideas no le faltaron nunca a Dalí, pero sí los fabricantes capaces de desarrollarlas. Para un productor que esté por el negocio resulta difícil entenderse con alguien que piensa que “una silla puede servir incluso para sentarse, pero con una sola condición: que nos sentemos mal”. Y si algún empresario se animaba a intentarlo, durante el desarrollo de los prototipos se topaba con los continuos cambios de opinión del artista, capaz de modificar de un día para otro los acabados del diseño e incluso de darle la vuelta a su propia función. En un último estadio llegaban las dificultades técnicas propias de una industria todavía poco desarrollada, que dejó mucho proyectos en la cuneta, como fue el caso del Salivasofá.

En los años noventa un equipo de expertos, capitaneado por Oscar Tusquets, se propuso hacer realidad aquellos muebles que Dalí había dibujado para Jean-Michel Frank, junto a otros, la silla y la mesa baja Leda, directamente sacados de cuadros como “Femme à la tête rose” (1935). El escultor Joaquim Camps se encargó de materializarlos y la empresa BD Ediciones de Diseño se hizo cargo de su producción y comercialización, con la máxima fidelidad respecto a los diseños originales y buscando siempre el difícil equilibrio entre la pieza artística y la fabricación seriada. Tusquets y BD eran sin duda los actores adecuados para llevar a buen puerto un proyecto como éste, que ahora cobra de nuevo actualidad con motivo de la celebración del Año Dalí y de la comercialización de uno de sus diseños más populares.

La historia del sofá-boca: del Salivasofá al dalilips
El precedente de todos los muebles dalinianos editados por BD es su famosa boca convertida en sofá, que aparece por primera vez en el no menos famoso cuadro, pintado en 1936, que transforma la cara de Mae West en una habitación. A partir de aquel cuadro Jean-Michel Frank construyó la primera versión del sofá-boca, que fue expuesta en la Gran Exposición Surrealista de 1938. Poco después Dalí encargó a un tapicero de Figueres una copia para su casa de Port Lligat, y a Green y Abott en Londres la fabricación de alguna otra. No hubo más. Su amigo Jean-Michel se había suicidado al poco tiempo de trasladarse a los Estados Unidos y los antiguos sistemas de fabricación y tapizado empleados por Green y Abott, a base de muelles y de relleno, no permitían conseguir el realismo y las formas sensuales que Dalí soñaba para su obra.

En los años setenta Oscar Tusquets colaboró con Dalí en la construcción tridimensional del retrato de Mae West para el Museo de Figueres, con el reto añadido de conseguir que el sofá tuviera todo el realismo y la fuerza expresiva de la boca de la célebre estrella de Hollywood. Con la forma, el color y el brillo característicos de los labios humedecidos por la saliva. Incluso imitando las pequeñas grietas de la piel. Lo desarrollaron en 1972 bajo la supervisión del artista y lo presentaron un año después en el Hotel Meurice de París, bautizado con el nombre de Salivasofá. En aquella época Tusquets todavía formaba parte del Studi Per y acababa de fundar, junto con otros socios, la editora BD, desde la que se animaron a poner en el mercado una serie numerada de 300 ejemplares del nuevo sofá-boca-real, fabricado con espuma de poliuretano moldeado en caliente y acabado con un revestimiento de Polidur en color rouge de labios “Shoking Pink” de Elsa Schiaparelli, según indicación expresa de Dalí. Pero tampoco este modelo, que se mantuvo en la Sala Mae West por muchos años, llegó nunca a ponerse a la venta. Los materiales de fabricación no garantizaban la calidad y durabilidad de la pieza.

Más de treinta años después, Tusquets y BD han podido cumplir finalmente aquel viejo sueño de Dalí de ser diseñador para convertir industrialmente y con todo realismo una boca en un sofá. Lo han conseguido gracias a las nuevas tecnologías de fabricación con polietileno rotomoldeado y empleando un proceso especial que le da a la pieza una sensación ligeramente mórbida. El flamante diseño, que no es más que una versión tecnológicamente innovadora de aquel Salivasofá, se ha bautizado con el nombre de dalilips y se va a presentar públicamente en la feria del mueble que se celebra en Milán durante el mes de abril. / RU

Artículo sobre la faceta de Salvador Dalí como diseñador.

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