Texto para el Anuario del Instituto Cervantes que conmemoraba sus primeros quince años de existencia. Se publicó en el bienio 2006/2007 con forma de enciclopedia que analizaba el estado del español en diversos países, ámbitos profesionales, medios de comunicación y manifestaciones culturales.

La historia del diseño español es centenaria, sin embargo se ha comenzado a escribir sobre ella hace apenas quince años. Fue justo en 1991 cuando se publicó el libro Nuevo diseño español (Juli Capella y Quim Larrea, Ed. Gustavo Gili), que puede considerarse como la primera obra monográfica dedicada a la historia y la actualidad de nuestro diseño nacional, que en la década de los ochenta pasó de ser una disciplina marginal a ponerse de moda. En toda Europa se hablaba del boom del diseño español. Incluso de una cierta capitalidad, alentada por la exposición «Capitales europeas del nuevo diseño», que organizó el Centre Georges Pompidou de París, donde se ponía a Barcelona en el mismo saco que a Milán. Una exageración, aunque sí que sirvió para comenzar a pasear sin complejos nuestro talento por el mundo.

La alegría se acabó pronto. Por un lado nos dimos cuenta de que nuestra industria nunca le llegaría a hacer sombra a la italiana, y que nuestras empresas difícilmente podrían alcanzar el nivel y el poderío de las suyas, que iban siempre por delante, tanto que ya entonces tenían la mirada puesta en China. Por otro lado nos quedamos esperando un apoyo institucional que nunca llegó, como el que tuvieron y todavía tienen los diseñadores del Reino Unido o de Portugal. Y cuando pasó la euforia de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla todo el sector entró en resaca. La crisis económica de los años noventa acabó de poner las cosas en su sitio. Se había acabado el boom, los experimentos y el todo vale. Al final, como en una selección natural, sólo quedaron los mejores.

Entretanto el escenario ha cambiado mucho. De puertas adentro el diseño se está acabando de integrar en todos los ámbitos de la sociedad de una manera más natural y normalizada, aunque no hay manera de que el término se aplique correctamente y todavía se digan cosas como que las drogas son “de diseño” y no de laboratorio. Otra buena noticia es que el diseño ya no es sólo “catalán”, en Madrid hay profesionales tan buenos como los de Barcelona y las escuelas ya se reparten por todo el país. Son muchas y están a rebosar, aunque el relevo generacional se está haciendo esperar. Salvo contadas excepciones, son los mismos profesionales que fueron protagonistas de aquella época dorada los que nos han seguido representando de puertas afuera.

En 2003 se celebró el Año del Diseño y con él hemos vuelto a sacar pecho. Organizado por el FAD, aglutinó más de 300 actividades que nos han devuelto un poco la alegría. Conocemos ahora nuestras limitaciones, pero sabemos que el talento de nuestros creadores no se ha devaluado. Óscar Tusquets sigue luciendo sus habilidades por el mundo en la exposición «Óscar Tusquets Blanca. El Laberinto: Arquitectura, diseño y arte». Y otro veterano como Mariscal sigue siendo nuestro mejor embajador. El valenciano es un ídolo en Japón, donde se han sucedido las dos últimas exposiciones del diseño patrio: «Spain Again», en Tokio, y «300% Spanish Design», con motivo de la Expo 2005 de Aichi. Esta última con la particularidad que de además de sillas y lámparas mostraba también una selección de carteles.

Ese detalle es importante, porque el diseño que se hace aquí no es sólo industrial. La muestra «Pasión. Diseño español», que se llevó a Berlín, tuvo el acierto de sumar también la moda. Unos zapatos de Camper o una camiseta de Custo son hoy universales y hay que presumir de ellos. Nuestra creatividad es rica en todos los ámbitos, como bien ha ilustrado Enric Satué con la exposición «Listos para leer. Diseño de libros en España», estrenada en la sede el Instituto Cervantes de Nueva York. Si su contenido es interesante, también lo es el continente, un montaje diseñado por Jaime Hayón, un joven madrileño que es más conocido en Asia que en su propio país. Hay muchos más que todavía no son profetas en su tierra. Sin ir muy lejos, la ovetense Patricia Urquiola, que trabaja en Milán, está considerada como una de las mejores diseñadoras del panorama mundial.

Gracias a personajes como ellos el diseño internacional tiene hoy acento español. Que suena más si en ese nuevo escenario se incluyen a los creadores de origen sudamericano que también están triunfando, como Alfredo Häberli, y a otros argentinos como Carlos Rolando, Juan Gatti, Mario Eskenazi, América Sánchez, Alberto Lievore o Jorge Pensi, que tantas páginas han escrito en la historia reciente del “diseño español”. En los próximos años, con todos ellos y el apoyo del Instituto Cervantes, vamos a pasear por el mundo la bandera de nuestro Desigñ. / RU

Texto para el Anuario del Instituto Cervantes que conmemoraba sus primeros quince años de existencia.

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