Perfil de Javier Mariscal publicado en el número 101 de la revista Diseño Interior dentro de un reportaje coral titulado “¿Quiénes son los 10 mejores diseñadores gráficos vivos?”.

Este Javier Mariscal que ya ha cumplido los cincuenta tacos, y que sigue teniendo la inusual imprudencia de decir lo que siente, no se corta una peseta al afirmar que ahora le gustaría ejercer de jardinero. No es broma. Quien le visite en su estudio de Palo Alto o quien se asome a las obras del terrado de su nueva casa, en el barrio barcelonés del Born, se dará cuenta de que no va de farol. Mariscal anda feliz diseñando jardines, en su propia terraza o en intervenciones urbanas para localidades vecinas de Barcelona y Madrid. Una pena. Porque a mí, particularmente, me hubiera gustado más que Mariscal se hubiera decidido por fin a ejercer de arquitecto, para poder disfrutar de los chiringuitos y los edificios que imaginaba en sus historietas.

Fue Ramón de España quien con muy buen tino escribió, hace ya unos cuantos años, que lo que más le gustaba de Mariscal era que no se cortaba “una peseta” a la hora de meter la nariz en algo nuevo. Aunque por ello recibiera por todas partes. Cuando hacía historieta, los dibujantes más académicos no le consideraban uno de los suyos. Si se metía a diseñar muebles y objetos, a los de la profesión les daba la risa, aunque los suyos se vendieran más que los de ellos. Y si ejercía de pintor o escultor, resulta que lo suyo estaba bien, pero que de arte, con mayúsculas, nada. Pero el valenciano sigue colocando sus esculturas en ciudades como Casablanca y preparando material para una exposición en la edición de Arco del 2002. Ya veremos lo que opinarán los del gremio de la jardinería cuando vean la luz sus nuevas inquietudes; o los estirados arquitectos, si es que algún día sus edificios salen de las dos dimensiones del papel. Lo que es seguro que a Mariscal, que recibió incluso cuando fue capaz de acabar con el monopolio de Disney en materia de mascotas, no le quita el sueño. Después de Cobi se inventó a Petra, la mascota de los Juegos Paralímpicos de 1992, y ahora al Twipsy que ha dado imagen a la Expo 2000 de Hannover, otra indescriptible mascota que ha dejado al perro olímpico para la historia gráfica del siglo XX.

Es la capacidad de reinventarse y de crear un personaje como Twipsy y todo lo que orbita a su alrededor, incluida una serie de dibujos animados que se ha vendido en más de cincuenta países, lo que acredita a Mariscal como uno de los más solventes diseñadores gráficos del mundo. Porque aunque muchos de sus colegas todavía se resistan a creerlo, el valenciano, pese a su imagen desenfocada, ha sabido rodearse de un equipo excepcional y capitanea uno de los estudios gráficos –el Estudio Mariscal, ahora complementado por Muviscal– más capacitados de este país. Y sin duda el que mejor se vende su marca en los diversos ámbitos de la comunicación audiovisual. De su factoría sale igual la imagen corporativa de Felisia, un parque de atracciones italiano, que el logotipo del partido socialista sueco, la socialdemokraterna, el cartel de la nueva película de Fernando Trueba, Calle 54, o el videoclip del último éxito de Miquel Erentxun.

A pesar del mérito que todo ello supone, y del interés mediático que despierta todo cuanto hace, Mariscal ha tenido que esperar hasta este año el turno del Premio Nacional de Diseño como reconocimiento “nacional” a su labor. El internacional, que es el que en realidad cuenta, hace ya tiempo que lo tenía. La creatividad expañola exporta arquitectos y diseñadores industriales por todo el mundo. En cambio, pueden contarse con los dedos de una mano los grafistas que trabajan para clientes de otros países. Y no sólo aquí. En general, el mercado de los diseñadores gráficos es muy local y sólo un puñado de privilegiados con mucha personalidad pasean su obra por el mundo. / RU

Perfil de Mariscal para un reportaje titulado “¿Quiénes son los10 mejores diseñadores gráficos vivos?”.