Soy consciente de que este website me puede traer alguna que otra colleja. Porque lo muestro todo, lo viejo también, algo que no suelen hacer los estudios de postín que practican el -ing (branding, packaging, marketing). Y tengo que confesar que me acongoja que me trinchen en alguna publicación erudita o en cualquier blog anónimo. Vaya por delante que me defino como grafista accidental y no como diseñador gráfico a tiempo completo. Todo mi respeto para ellos. Soy grafista porque desde que estaba en la escuela de Arquitectura me he comunicado con ese lenguaje. Recuerdo las correcciones públicas con pasillos interminables de láminas DIN A2 colgadas en la pared, tres por cada alumno, todas blancas, menos las mías que eran negras con los dibujos en negativo y se distinguían a lo lejos. Dibujaba en color blanco y no necesitaba ni firmarlas, todo el mundo me identificaba con ellas. Durante años busqué también un estilo propio para mis dibujos de proyectos, con trazos muy finos de tinta y rotuladores al agua de grises diferentes. Sin saberlo estaba haciendo grafismo. El diccionario lo define como expresividad gráfica en lo que se dice o en cómo se dice. También como el diseño gráfico de libros, folletos, carteles… Desde entonces me he atrevido a probar con casi todo ello. Desde una revista a un logotipo o una campaña de publicidad.