Artículo sobre Ross Lovegrove y su proyecto www.bdlove.com publicado en El País Semanal (30/5/2004). En la misma revista se publica otro reportaje sobre los diseños que no funcionan titulado “Aquí hay algo que no funciona”.

A los grandes diseñadores hay que plantearles grandes retos. Los que como Ross Lovegrove están en la cresta de la ola, despachando encargos en tres de los cinco continentes, con la agenda sobresaturada y el ego por las nubes, necesitan alguna motivación especial para que bajen a la tierra y se interesen por un proyecto. Si no se les puede poner delante un cheque con muchos ceros, se les tiene que atraer con alguna clase de reto creativo. Es evidente que cualquier diseñador consagrado que haya proyectado, por ejemplo, una docena de sillas a lo largo de su carrera, no se excitará mucho ante el encargo de la número trece, una más, a menos que se le pida que esa nueva silla ofrezca algún tipo de innovación.

Cada año salen al mercado en todo el mundo miles de nuevos productos, pero apenas unos cuantos de ellos aportan alguna novedad, que suele llegar siempre en paralelo al desarrollo de nuevas tecnologías de fabricación. Siguiendo en el ejemplo de las sillas, es lo que en los últimos años ha sucedido con los plásticos, que han revolucionado por completo el mundo de los asientos. Inyectado, soplado, termoconformado o rotomoldeado, el plástico es el material idóneo para reproducir las formas orgánicas que tanto fascinan a Lovegrove. Para el diseñador galés, que siempre ha huído del minimalismo del ángulo recto, el plástico es lo más natural.

“Hace 100 años los aviones, los coches y hasta las cámaras fotográficas se construían en madera. Hace 50 años se transformaron en metal. Y en nuestros días todo se convertirá en plástico… porque el plástico es fantástico”, argumenta Lovegrove, que vaticina un progresivo aumento de la presencia de este material en nuestro entorno. Tanto en la casa como en la calle. Llevar el plástico al mobiliario de uso público fue precisamente el reto que le planteó la editora barcelonesa Bd Ediciones de Diseño, con la dificultad añadida de que ese mobiliario pudiera instalarse tanto en el interior como en el exterior.

Aplicar la técnica de fabricación del polietileno rotomoldeado al mobiliario urbano es toda una innovación, pero conseguir además que un mismo banco de plástico pueda amueblar igual una plaza que un aeropuerto, el hall de un hotel o una zapatería, supone nada menos que inventar una nueva tipología de mobiliario. Se ha bautizado como Transit Furniture Concept y nace con una serie de piezas que en sus formas y colores lucen el sello inconfundible e innovador de Ross Lovegrove. También en el uso. La lámpara y la jardinera son híbridos que ofrecen asiento, y en el banco, que es apilable, pueden sentarse hasta diez personas a la vez. Para que no se diga que esto del diseño es sólo cosa de unos pocos. / RU

Artículo sobre Ross Lovegrove.