Prólogo del libro “Retrato imperfecto de Curro Claret” editado por Camper y publicado por Editorial Gustavo Gili.

Resulta difícil adivinar cuál será la evolución futura de Curro Claret. Porque alguien que recicla las cajas de zapatos en zapateros, o las páginas de una revista usada para fabricar un bolígrafo, como quien lía un cigarrillo, no es buen negocio para la industria. Tampoco es este creador barcelonés un ejemplo de autopromoción profesional. Todo lo contrario, es la antítesis de la típica imagen estirada del diseñador, a pesar de haberse formado en escuelas tan refinadas como la Elisava de Barcelona y el St. Martins de Londres. Curro Claret tiene alma de homeless y una debilidad innata por hacer cosas con lo que se encuentra.

Reutilizar mejor que reciclar. Es su lema. Le interesan el papel, el cartón y otros materiales accesibles que no necesiten de una compleja transformación industrial. Para hacer un zapatero basta con la caja de los zapatos y una varilla de hierro convenientemente doblada que servirá para apoyar el zapato mientras lo limpiamos y de paso como asa para transportar la caja. Si necesita un bolígrafo, arranca una hoja de una revista o de un catálogo usado y la enrolla alrededor del cartucho de tinta. Le gusta la participación del usuario en la definición del los objetos y la estética casual que surge de esa participación. El bolígrafo será diferente si lo hacemos con la página de una revista del corazón o con la de un catálogo de ferretería.

En cualquier caso, Curro Claret prescinde del adorno como añadido. A lo sumo tratará con un acabado de pizarra una de las caras de una caja de almacenaje, para escribir o dibujar sobre ella lo que se guarda en su interior. Si alguien le encarga el diseño de un frutero para naranjas, Claret resolverá la estructura con cuatro varillas de hierro y reutilizará la misma malla que sirve para transportar las naranjas desde el supermercado. Sería bueno que el talento de este diseñador, tan fresco como esas naranjas, encontrase su lugar dentro de nuestra cultura industrial. Y que los demás sepamos que esta profesión también tiene una cara humilde que puede ser tan brillante como las demás.

Los párrafos anteriores los escribí en 2002 para el libro Spoon editado por Phaidon. La publicación recogía una selección de jóvenes y talentosos diseñadores que se estaban perfilando para ser importantes en el futuro. Y ahí estaba Curro, entre los entonces emergentes hermanos Bouroullec, Campana Brothers, Konstantin Grcic, Alfredo Häberli, Hella Jongerius, Marc Newson, Kazuyo Sejima, Marcel Wanders o Tokujin Yoshioka. Sin haber producido apenas obra, pero con una actitud singular, aparentemente naif, cargada de sentido. Han pasado más de diez años desde entonces y Curro sigue igual, en su órbita particular, a años luz del éxito de sus colegas, defendiendo con el mismo optimismo sus ideas a contracorriente.

Hoy tiene más proyectos en su haber y algún reconocimiento notable, el Premi Ciutat de Barcelona, que recientemente le ha concedido la ciudad donde nació en 1968 y en la que ha pasado la mayor parte de su vida. Entre esos proyectos están las dos tiendas que ha realizado para Camper. Forman parte del concepto Together que la marca viene desarrollando en los últimos años, donde caben todos los estilos y diferentes maneras de pensar. Las de Curro nacieron de la idea poco original de hacer un proyecto con materiales reciclados, pero han ido mucho más allá. Son un modelo de colaboración gracias a la complicidad de Arrels Fundació en Barcelona y de la Fundación San Martín de Porres en Madrid.

Esas tiendas han sido la excusa para editar este libro. Y en este libro, entre otras muchas cosas más importantes, se cuenta su pequeña historia. Lo ha escrito Oscar Guayabero, que pertenece a la misma generación de Curro y conoce bien su obra, también la que es intangible. Las fotos están al final y solo a modo de referencia porque el fin era destilar su pensamiento. No es un retrato perfecto, pero sí creemos que oportuno, porque Curro pertenece a una clase de diseñadores que si no existiera habría que inventarla. Puede que incluso sea el único en su especie. El “santo ignoto” del diseño español, como lo define Juli Capella. Porque no es fácil encontrar a alguien tan empeñado en demostrar que el diseño puede tener también un fin de carácter social y haya dedicado toda su vida a ello. / RU

Prólogo del libro “Retrato imperfecto de Curro Claret”.

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Camper, Editorial Gustavo Gili, 2014/2016

Conversación polifónica sobre diseño y otras cosas.