Entrevista en la revista argentina Barzón.
Por LUJÁN CAMBARIERE

Lo primero que vale decir de Ramón, es que resulta difícil abarcarlo. Su ingreso atípico en la disciplina lo hace una personalidad rica con una trayectoria frondosa y versátil. De hecho, hasta se vuelve difícil presentarlo. Si se opta por resaltar su rol de Art director y consultor, hay que destacar su labor crucial en empresas de la talla de BD Barcelona, Metalarte y Camper. Si se señala el de curador, hay que hacer referencia a infinidad de originales muestras como las recientes “Diseño Grandes Éxitos” o “Desigñ”. Además, es autor de libros muy celebrados como “COCOS: Copias y Coincidencias” (además de “El universo de Jujol”, “Sagnier arquitecto”, “Ruta de diseño BCN”, “25.000 km de Signes”, “Inout & Friends” y “Chairs: 50 años de diseño y una historia que contar”, entre otros) y hasta un experto en sex design, con un libro y muestra. Como si fuera poco, también diseñó luminaria, la Inout, donde queda claro que el tamaño importa.

Es que Ramón estudió Arquitectura, pero ya en la facultad comenzó en el periodismo especializado en diseño desde dos naves insignias de la época –De Diseño (1984-1987) y ARDI (1988-1994)–. Profesiones a las que sumó diseño gráfico, dirección artística, edición, curadoría, y muchas cosas más, en esta posta que tomaron de la movida madrileña de los ochenta, para dar lugar en Barcelona al diseño. Por eso hablar de él y con él, es un placer. Cita pendiente desde hace tiempo que pudo concretarse en su bello estudio en el barrio Poblenou, a orillas del Mediterráneo en Barcelona: la tarde no alcanzó ni para empezar.

En el nombre del padre…
Seguramente Úbeda eligió su profesión. Su papá era andaluz y como tantos otros, emigró en los años sesenta a Cataluña en búsqueda de trabajo. Era albañil y según él, sin dudas, los edificios que miraba caminando de su mano lo impactaron y motivaron a seguir la carrera en la ETSAB, donde se diferenció hasta en las presentaciones de los trabajos prácticos. Mientras todos los hacían en blanco, sus hojas eran negras. Algo quería “comunicar”. Un “algo” al que ya pudo dar rienda suelta en cuarto año, cuando otros dos nombres reconocidos de la escena española, Juli Capella y Quim Larrea, también estudiantes entonces, buscaban un redactor para De Diseño, la primera publicación exclusiva sobre la disciplina que hubo en España, de la misma empresa que editaba El Croquis.

Un tierno Úbeda pasó la prueba y casi no dormía por las noches mejorando su redacción. Autodidacta, las revistas fueron, como cuenta, su verdadera escuela. En todas estuvo desde el inicio. “Fui jefe de redacción, cosa que entonces no tenía mucho mérito pues en aquella redacción, al principio, solo estábamos los tres. Hacíamos también el diseño gráfico y la maquetación; el fondo y la forma a la vez”, adelanta.

Por el camino de las letras
En 1987 se deja de publicar De Diseño y un año después empezaron con ARDI.  “De Diseño duró hasta que una gran editorial, Grupo Zeta, fichó a Juli, a Quim y a toda la redacción en bloque para hacer otra revista. Con la experiencia acumulada, más medios y la misma independencia. La llamamos ARDI (contracción de Arquitectura y Diseño) y se convirtió, como los bares de Barcelona, en la bandera del boom del diseño español que se produjo en los años ochenta. Tuvo repercusión internacional, premios y reconocimientos. Para nosotros fue de nuevo una escuela y para mí la puerta definitiva hacia la profesión del diseño. Fui responsable de la redacción y en sus inicios también de la dirección de arte, cuando todavía no existían los ordenadores”, cuenta.

En los años que siguieron, escribió también para otros medios (Diseño InteriorDomusFrameMatadorEl País Semanal), aunque desde hace algún tiempo prefiere hacer libros porque no tienen una fecha de caducidad tan corta. Así, fueron muy festejados, su “Sex Design”, a partir de la nota “El diseño del Amor”, publicada en 1993. Y “COCOS”, que nace curiosamente (o no) del número 32 de ARDI que, crisis mediante, nunca salió a la calle. “El reportaje central era un dossier sobre las copias en el diseño que fue el germen de la exposición y el libro COCOS: Copias y Coincidencias. Lo hice con Juli con motivo de celebración del Año del Diseño en 2003. Fue un trabajo laborioso y sobre todo comprometido, porque el asunto de las copias es delicado y espinoso. Pero de alguna forma había que comenzarlo a combatir. Empezamos por darlo a conocer, para tomar conciencia de su verdadera dimensión y sus múltiples matices. Tratamos de hacerlo con la seriedad que requería, pero de forma didáctica y simpática”, detalla.

Llamen al comisario
Otro absoluto golazo de Úbeda son sus muestras. Como atiende tantos frentes de batalla al mismo tiempo, sabe tomarle el pulso al espíritu de los tiempos del diseño, abordando temas siempre candentes. Por otro lado, con altas dosis de humor y sarcasmo, un rasgo bastante personal. “Llevamos mucho tiempo esforzándonos para acercar la cultura del diseño a nuestra sociedad, pero hasta ahora nadie lo había enfocado de esta forma, explicando que vender miles de sillas de un mismo modelo es algo tan difícil y meritorio como vender miles de discos de una misma canción y, sin embargo, nunca se le ha dado públicamente el mismo valor. Lo decía en el prólogo de la exposición “Diseño Grandes Éxitos”, cuyo título quería ser elocuente, poniendo un ejemplo que todo el mundo pudiese entender, el del mundo de la música y su industria discográfica, donde desde siempre existen los hits y los discos de oro para reconocer públicamente el éxito que, como en el mundo del diseño, se mide por las unidades vendidas”, detalla sobre una muestra donde dieron el presente los zapatos Pelotas de Camper que usó hasta el papa Benedicto XVI, las cápsulas Nespresso, el Mini Cooper, la aceitera-vinagrera Marquina , y el oso Tous, fenómeno popular, según él, digno de estudio. También ficha en la muestra su multipremiada Inout, lámpara extralarge de interior y exterior para Metalarte, pieza que, como otras (el asiento Cul is cool, la silla Janet, las lámparas Nanit y Triana y el lavabo Ninfo), diseñó y desarrolló junto a Otto Canalda.

Empezaste como periodista… ¿Desde el inicio entendiste el rol de abrir la disciplina al mundo o eso vino con el tiempo?
Me formé como arquitecto y llegué al diseño a través del periodismo sin ni siquiera habérmelo planteado. Cuando todavía era estudiante en la escuela de Arquitectura de Barcelona un buen día se abrió una puerta y la crucé sin pensarlo. Tras ella estaban Juli Capella y Quim Larrea con el proyecto de hacer una revista. Era el año 1984. Llegué al lugar adecuado en el momento justo en que comenzaba a gestarse el boom del diseño español en los años ochenta. La redacción fue nuestra verdadera escuela y desde el primer momento hemos trabajado para divulgar y dar a conocer esta profesión.

¿Seguís pensando que, paradójicamente, aun cuando no ocupa su verdadero lugar, hoy todo es de diseño?
Lo correcto sería decir que todo es el resultado de un proceso de diseño. Mejor o peor, bonito o feo, todo lo que hay en nuestro entorno artificial ha sido pensado, proyectado y realizado por alguien.

A pesar de esto, sigue siendo difícil considerarlo desde lo económico, por eso resulta muy interesante el disco de oro, podés contarnos…
Digamos que traté de lanzarlo, porque nadie le hizo mucho caso. Cuando digo nadie me refiero especialmente a la prensa especializada, la poca que nos queda en España, que tampoco acogió con mucho entusiasmo una exposición que indagaba sobre los valores, a veces intangibles, que convierten un diseño en un éxito. La muestra hablaba de cifras, reivindicaba un lugar para el diseño en las páginas de economía de los diarios, no sólo en las de tendencias, y lanzaba esa idea nada peregrina de crear un “Disco de Oro” para el diseño español. No es un premio más, todos los que existen se dan siempre al inicio de la vida de un producto y no se valora lo que sucede después. Cada año salen al mercado miles de nuevos diseños en todo el mundo, pero son contados los que permanecen. Aquellos que suman calidad de diseño, que es riqueza cultural, y rendimiento comercial, que es riqueza económica, merecen un reconocimiento.

¿Cómo nace la muestra “Desigñ”?
“Desigñ” es una exposición low cost, sencilla, adecuada a los tiempos que corren. Cabe dentro de un baúl y viaja por las sedes que el Instituto Cervantes tiene en diversas ciudades del mundo. Ofrece una panorámica renovada del diseño que tiene acento español y reconocimiento internacional. Es una muestra del talento que podemos ofrecer al mundo y un ejemplo de que con muy poco se puede hacer mucho para darlo a conocer. Son las obras de un conjunto de personajes singulares y empresas ejemplares que, reunidos, ofrecen una imagen renovada. Lo que las une es un acento común –el “Spanish accent in design” que acompaña al título– y su capacidad, contrastada, para exportar talento.

¿Y Mater, el Centro de Materiales impulsado por el FAD (Fomento de las Artes y el Diseño) de Barcelona?
Era otra asignatura pendiente. La historia del diseño desde siempre ha estado ligada al desarrollo de los materiales y no es posible evolucionar sin conocerlos. Comenzamos haciendo un estudio exhaustivo de la industria española para saber lo que tenemos en casa desde el punto de vista de la innovación, que es mucho, lo documentamos, lo publicamos en un libro de tres volúmenes, lo mostramos al público en una exposición, y terminamos por crear un centro de materiales permanente en la sede del FAD, en red con otros centros europeos equivalentes, que está al servicio de todo el colectivo de diseñadores y arquitectos. Es un lugar para inspirarse y para encontrar soluciones, porque ofrece también asesoría técnica para desarrollar cualquier diseño. Una herramienta imprescindible si queremos competir internacionalmente.

¿Qué hace un director artístico? Por qué tenés ese rol en varias empresas importantes?
En mi caso el director artístico hace de todo. Sugiero qué producto o tipología de productos hay que desarrollar, busco al diseñador más adecuarlo para hacerlo, trabajo con él para que su proyecto resulte lo mejor posible y sea acorde con la línea editorial de la empresa; después tutelo todo el proceso de modelaje, desarrollo técnico y puesta en producción; cuando está terminado me ocupo de fotografiarlo para que luzca lo mejor posible, preparo el catálogo de venta y redacto la nota de prensa para darlo a conocer. No hay muchas personas que hagan todo esto y supongo que esa es la razón por la que trabajo con algunas de las compañías más importantes de mi país.

¿De qué proyectos te sentís más orgulloso?
Trato de sentirme bien con todos los proyectos que he realizado a lo largo de todo este tiempo, incluso con los que no tuvieron éxito o los que no llegaron a ver la luz, que también los hay. En lo personal fue muy importante la decisión de crear nuestro estudio actual junto con Pepa Reverter. Lleva media vida profesional conmigo y su impronta artística se deja ver en muchos de los trabajos que hemos realizado. Estamos en un antiguo taller textil rehabilitado, en el barrio del Poblenou de Barcelona, muy cerca del mar.

¿Hoy que cosas te interesan más dentro del diseño?
Me interesan los proyectos que pueden explicar una historia. La tienda Camper Together que hemos realizado en Barcelona con Curro Claret y Arrels Fundaciò es un buen ejemplo.

¿Sigue siendo un mundillo pequeño el del diseño?
Al contrario, cada día que pasa crece más. No hay más que darse una vuelta por las ferias internacionales para ver su volumen. Las escuelas españolas tienen unas cifras de alumnos que asustan. El problema es el de siempre, que cada año llegan muchos jóvenes al mercado laboral pero no surgen nuevos fabricantes que puedan darles trabajo.

¿Eso no quita que tenga sus santos no? Contame sobre ellos…
Los patronos de la Fundación Signes nos reunimos de vez en cuando para proponer ideas que sirvan para ayudar a los que se inician en la profesión del diseño. Sabemos que los jóvenes lo tienen realmente difícil, y uno de los mejores consejos que se les puede dar es que sean conscientes de ello y tengan fe. Si lo de San Pancracio y el perejil funciona, por qué no encomendarse y ponerle una vela a San Philippe Starck. Tener sentido del humor siempre ayuda. Como me dijo una vez vuestro compatriota Juan Gatti, no hay que tomarse demasiado en serio porque no somos neurocirujanos.

¿Hay oportunidades para los jóvenes?
Como Art director siempre intento apostar por los valores emergentes. Me gusta recordar que a Isidro Ferrer le dimos el premio “Jovenews” de la revista ARDI cuando era todavía un chaval, que aposté por el talento de Jaime Hayon cuando todavía estaba en Fabrica y que comencé a trabajar con personajes como Lovegrove, Häberli o Grcic hace muchos años, cuando todavía no eran estrellas del mundo del diseño y en España las empresas parecían tener miedo a contratar diseñadores extranjeros.

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?
Me gustan las relaciones de largo recorrido y sigo trabajando con Jean Pierre Bua, Metalarte, Tusquets Editores y más intensamente con BD Barcelona Design y Camper. Tengo nuevos libros en desarrollo, estoy aprendiendo a caminar por el mundo de la moda con Med Winds y he comenzado con Iniala un nuevo proyecto que se estrenará este año en el sudeste asiático.

¿Tus intereses personales han cambiado en el último tiempo (hablando siempre de diseño)?
Pienso que no, aspiro como siempre a que mis clientes sean mis amigos y eso lleva a que la vida profesional y la personal se fundan a menudo.

Entrevista en la revista argentina Barzón.
Por LUJÁN CAMBARIERE