Perfil de los hermanos Ronan y Erwan Bouroullec para el volumen K de la lujosa revista Matador dedicado a la belleza.

El diseño francés se puso de moda el mismo día que abrió el Café Costes de París. Fue en 1984. Han pasado más de veinte años y en todo este tiempo su artífice, Philippe Starck, ha sido con diferencia el diseñador más célebre del planeta. Cuando el astro francés puso su genio en órbita, rumbo a Marte, trabajando para la NASA y ahora como director artístico de Virgin Galactic, sus paisanos y colegas más terrenales comenzaron a tener una oportunidad. Tras la alargada sombra de Starck se esconde un brillante elenco de diseñadores franceses. Algunos formados en su propio estudio, como Matali Craset y Patrick Jouin. Otros que han hecho fortuna en Italia, como Jean-Marie Massaud y Sam Baron. Jóvenes y descarados como el marsellés Ito Morabito, más conocido como Ora Ito, y veteranos ilustres como Christophe Pillet. Incluso todavía está en activo Andrée Putman, que nació en 1925 y los ha visto crecer a todos. En otro plano, entre el cielo y la tierra, están los hermanos Bouroullec.

En la historia del diseño ha habido parejas de todo tipo. Y como en el cine, algunas de ellas son irrepetibles. Las parejas más comunes son las de amigos, como la que formaron en su época Óscar Tusquets y Lluís Clotet. Otras fueron conyugales, entre las que destaca el matrimonio Charles & Ray Eames. También ha habido parejas fraternales, aunque estas últimas son las menos habituales. Desde la juventud de Achille y Pier Giacomo Castiglioni se cuentan pocos ejemplos brillantes. En la actualidad destacan dos. Al otro lado del océano están los brasileños Fernando y Humberto Campana. Más cerca, en París, tenemos a Ronan y Erwan Bouroullec. Sus estilos no se parecen en nada, pero sus trayectorias profesionales son una muestra de fe para quienes todavía creen que no se puede pensar en pareja, y dejan en entredicho aquello de que el lápiz sólo se puede coger con una sola mano, que es físicamente cierto, aunque poco recomendable frente a las exigencias actuales en la profesión del diseño.

Los Bouroullec trabajan juntos desde 1999. Nacieron en Quimper, en la Bretaña francesa. Ronan en 1971 y Erwan en 1976. El primero estudió en la École Supérieure des Arts Decoratifs de París y el segundo se formó en la École Nationale d’Arts de Cergy. Han desarrollado su carrera de puntillas, aparentemente sin querer hacer ruido. Esa es una de sus señas de identidad. Sin embargo, para muchos, su trabajo ha comenzado a definir una nueva época. Es una evolución que sucede cada cierto tiempo. Cada año se diseñan en el mundo miles de nuevas sillas, mesas, lámparas y productos de todas clases, de los que una gran parte llega al mercado porque se ha alcanzado un estándar de calidad que es global. Pero cuando todas las sillas se parecen, vengan de Italia de Francia o de la China, la sensación es de empacho, de apaga y vámonos porque ya no cabe ninguna más en los escaparates. Y es entonces, cuando ya parece que no hay nada más que hacer, porque está todo está inventado, cuando siempre surge alguien capaz de sorprendernos.

Ronan y Erwan Bouroullec llegaron al primer plano del diseño internacional de la mano de Giulio Capellini, un personaje que en los años noventa se empeñó —y consiguió— soprender al mundo del diseño un año tras otro, apadrinando y ofreciendo desde su empresa una oportunidad a muchos diseñadores que entonces eran emergentes y hoy están consagrados. Al igual que otros colegas, los hermanos Bouroullec pudieron desarrollar sus ideas trabajando para Capellini, que entonces era, además, la mejor manera de darse a conocer. Piezas como la colección de mesas Hole (1999), la silla Hole y la cama Lit Clos Bed (2000), la estantería Brick y el sofá Glide (2001), las sillas Samourai (2002) y Spring (2003) o la estantería Spring clouds (2003), les sirvieron para ensayar un estilo propio. Ya en el escaparate, comenzaron a llegar los encargos de otras compañías siempre atentas a la aparición de nuevos talentos, como Magis, para la que diseñaron La valise (2003), una cartera de plástico que no se abre como las demás. Pero su gran salto llegó tras la llamada de Rolf Felhbaum, el patrón de Vitra.

En 2003 revolucionaron el mobiliario de oficina con el sistema Joyn. Hubiera sido mucho más difícil poder hacer algo así desde otra compañía que no fuera Vitra. Las ideas innovadoras pueden llegar de muchos sitios, incluso se pueden desarrollar y mostrar con gran éxito mediático, pero siempre lo más complicado es saber llevarlas al mercado y convertirlas en un éxito comercial. La idea de la oficina como espacio abierto, flexible y de relación social no está muy lejos de la Desintegrated Kitchen (1998) que Ronan Bouroullec presentó en sus comienzos en una muestra del VIA durante el Salon du Meuble de París, y que fue la pieza que llamó la atención de Giulio Capellini. Y ambas tienen su origen en una mesa enorme y compartida que había en la cocina de su abuela. Es así de simple. La originalidad está muchas veces en el origen y la sencilla vida del campo todavía nos puede dar muchas lecciones. De ahí proviene la naturalidad con que Ronan y Erwan se desenvuelven en el mundo del diseño.

En pocos años han desarrollado una carrera fulgurante. Cuando apenas llevaban cinco de actividad, el Design Museum de Londres les dedicó una exposición retrospectiva de su obra y poco después la editorial Phaidon publicaba una monografía de su trabajo. Para entonces ya habían colaborado con Issey Mikaye proyectando los frascos de L’Eau d’Issey (2002) después de construir su tienda A-POC de París (2000). Los hermanos han experimentado con la arquitectura en proyectos como la Polystyrene House (2002) y la Floating House (2002). De hecho uno de los secretos de su éxito es la concepción que tienen del espacio. Su capacidad para crear o generar microarquitecturas. Ya sea construyendo estructuras alrededor de los muebles o con sistemas componibles. De pequeñas piezas de plástico en el caso de sus famosas Algues para Vitra (2004), o a base de escamas textiles que se unen por una simple pestaña, como las que configuran el showroom de la empresa Kvadrat en Estocolmo (2006).

Actualmente diseñan para compañías de primera fila tan dispares como Kartell o Ligne Roset. Les llueven los encargos, pero saben que tener un estudio pequeño —de seis personas contándoles a ellos— puede ser la manera de poder hacer grandes cosas. Siguen proyectando para Magis sillas magistrales como la Stripped (2005) o la Steelwood (2007), y continúan transformando con Vitra el mundo de la oficina, ahora con la silla Worknest (2007). Si hay que identificarlos con un estilo, en apariencia ese sería el de la sobriedad. El fondo es mucho más complejo y pasa por su creencia de que es responsabilidad del diseñador investigar en nuevas formas y tipologías. Si les hablan de funcionalidad dicen que la comodidad es una cuestión mental, y si se les pregunta por las formas las prefieren simples y depuradas. Se alejan de lo convencional pero han sabido como pocos encontrar la belleza en las cosas más elementales. Les acompaña además una imagen de discreción —casi de timidez— que no se corresponde con lo que están revolucionando a su paso. / RU

Perfil de los hermanos Ronan y Erwan Bouroullec para el volumen K de la lujosa revista Matador dedicado a la belleza.

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