Durante los meses en que estábamos preparando la exposición COCOS: Copias y Coincidencias, aprovechamos nuestras vacaciones para hacer un viaje turístico por los paraísos de la piratería. Visitamos algunas grandes ciudades del continente asiático para comprobar sobre el terreno lo sencillo que resulta llenar una maleta con toda clase de falsos artículos de lujo. Pepa Reverter llevaba la cámara.

No hace falta ir muy lejos para poder comprar productos falsos. Cualquier turista de paso por Milán o París puede encontrar en la calle mercancía falsa de muchas marcas conocidas. La piratería comercial habita en todas las metrópolis del mundo, aunque su presencia es mucho más evidente en unas capitales que en otras. Para los adictos a las marcas de lujo la ciudad de Hong Kong puede ser el paraíso. No importa la condición ni el presupuesto que se tenga, porque al final nadie se irá de vacío. Pocas ciudades del mundo ilustran como la antigua colonia británica los extremos de la riqueza y de la pobreza. La cara son los imponentes espacios comerciales de las principales marcas de prestigio, que están presentes por todas partes. Y la cruz son los atestados mercados populares, donde, a pesar suyo, también son protagonistas esas mismas marcas. Los propios catálogos de Prada, Louis Vuitton, Cartier o Rolex se exhiben en los puestos callejeros como reclamo para los que buscan la ganga de la falsificación. Los vendedores te mostrarán la mercancía a escondidas en la misma calle, o te llevarán a sus oscuros garitos para que puedan escoger entre el género falso con mayor comodidad. Se puede comprar de todo, pero que no te vean hacer fotos. Ropa, bolsos, relojes o gafas. Cualquier prenda que la prestigie una marca añadida. También copias piratas de programas de software o de películas recién estrenadas en el cine. En todos los casos, los precios, además de baratos, son siempre negociables.

Regresamos de nuestro viaje asiático con una maleta repleta de productos falsos para la exposición. La bolsa de Louis Vuitton también lo es. La compramos en un mercadillo de Kowloon por 400 HK$ o dólares de Hong Kong (menos de 45 euros), frente a los 5.750 HK$ (más de 600 euros) que costaba el mismo modelo en una de las muchas tiendas que la marca tiene repartidas por toda la isla. Fue un mal trago pasar por la aduana sabiendo que en algunos países existen leyes que imponen 300.000 euros de multa y penas de 3 años de prisión por la simple tenencia de un producto falso. Nosotros llevábamos todos estos: la falsa bolsa Louis Vuitton (400 HK$), calzoncillos “Gioven Kelvin” (30 HK$), camisas Versace y Hugo Boss (las dos 90 HK$), relojes, la media docena (100 HK$), encendedores Zippo (dos 30 HK$), programa Adobe Photoshop (15 UK$), DVD Tom Raider II (25 UK$), gafas de sol Gucci (100 UK$), reloj Rolex (350 HK$), relox Bulgari (350 HK$), reloj Cartier (350 HK$), reloj Louis Vuitton (250 UK$), polo Ralph Lauren (25 UK$), polo Lacoste (25 UK$), camiseta Nike (25 UK$) zapatos comprados en Tokyo (5.145 ¥, la sexta parte de lo que cuestan los Pelotas originales de Camper), bolígrafos Montblanc (los tres 150 HK$), chapa I love HK (10 HK$), perfumes Chanel y Kenzo (los dos 50 UK$), camiseta Play Boy comprada en Kioto (2.900 ¥), cartera Prada (150 UK$) y cinturón Montblanc (230 UK$). Para poder hacer un calculo aproximado: 1 HK$ = 0’11 € y 100 ¥ = 0’78 €.

Aprovechamos nuestras vacaciones para hacer un viaje turístico por los paraísos de la piratería.

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