Perfil de Jonathan Ive para el volumen V de la revista Matador dedicado al diseño.

Tiene el puesto más envidiado del mundo entre sus colegas de profesión. Jonathan Ive aterrizó en Apple en 1992, cuando la empresa de Cupertino estaba huérfana de Steve Jobs y vivía sus peores años. “Jony”, como le llaman quienes le conocen, había nacido en 1968 en Chingford, un distrito al noreste de Londres, y estudió diseño industrial en la Universidad de Northumbria, que está en Newcastle. Tras acabar en 1989 trabajó un corto periodo de tiempo con Roberts Weaver y después en una consultora de diseño de la capital británica llamada Tangerine. Allí se fogueó proyectando cosas como hornos de microondas o máquinas para taladrar. También diseñó un conjunto de inodoro, bidé y lavabo para un importante fabricante de baño llamado Ideal Standard, que lo rechazó por ser demasiado moderno y le hizo pensar seriamente que aquel no era su sitio. Otro de los clientes de la agencia era Apple, que entonces luchaba por sobrevivir y tenía a John Sculley al mando. Fichar a Jony Ive y traerlo a California debió ser la mejor decisión que tomó su ejecutiva antes de que le invitasen a abandonar la compañía en 1993. Aunque tardaría en verlo. Los años siguientes en Apple Computer fueron tan grises como eran todos los ordenadores de la época, incluidos los Macintosh. Hasta que Jobs regresó en 1997.

Su buena química con Ive se hizo evidente y la empresa comenzó a ver la luz cuando tuvieron la idea inteligente de ponerle una “i” –que Jobs puso originalmente como una referencia a internet– delante de todo lo que sacaban al mercado. El iMac se presentó a contracorriente en 1998 con una carcasa translúcida y coloreada de formas redondeadas que le dio sentido al concepto de ordenador doméstico. Es por ello que está reconocido como uno de los productos más importantes de finales del siglo pasado. Desde entonces la marca de la manzana se ha asociado siempre al buen diseño. Superó a los feos PC por partida doble, ya lo había hecho en la funcionalidad de sus sistemas operativos y después les ganó por estética. En la forma y en la función, lo que en el mundo de las computadoras sería, más o menos, el hardware y el software. Apple también se apropió después de la “i” del ingenio, desbancando sucesivamente a toda clase de rivales tecnológicos con inventos como el iPod, el iPhone y el iPad. Hasta llegar a convertirse en la primera compañía del mundo en superar el billón de dólares de valoración. ¿Fueron Steve Jobs y Jonathan Ive unos iluminados? Quizás, pero no cabe duda de que se les encendió la bombilla de las ideas. El secreto lo hicieron público desde el principio: “Think different”. Cada uno en su papel.

El propósito de ambos, porque un diseñador nunca toma las decisiones por si solo, fue siempre crear soluciones sencillas para tecnologías innovadoras que son extremadamente complejas. Ive piensa que la tecnología deber estar al servicio de las personas y no al revés. Así de simple. Por eso su trabajo recuerda mucho al que Dieter Rams desarrolló en su día para la empresa Braun. Su filosofía era esencialmente la misma: “Weniger, aber besser”, que en alemán quiere decir “Menos, pero mejor”. Seguro que lo deben tener escrito en el lugar más visible del departamento de diseño. Solo hay que ver la evolución que ha tenido el orondo iMac durante los últimos veinte años, cambiando progresivamente de forma y de materiales, adelgazando hasta el extremo de parecer sólo una pantalla. Las últimas versiones de aluminio se han sofisticado tanto como la tecnología que llevan dentro. Rams decía que el buen diseño es el mínimo diseño posible y es evidente que Jony lo ha aplicado a rajatabla. Ese era el último de los diez Principles of Design que el maestro alemán definió como líneas de orientación para sus colegas, alumnos y también para sí mismo. Decía textualmente: “En mi opinión, el más importante principio de diseño es abandonar todo lo que no sea realmente importante y realzar todo lo importante: la simplicidad en todos los aspectos.”

Hay otros apóstoles contemporáneos de esa filosofía en otras disciplinas de la profesión, como el también británico Jasper Morrison y el japonés Naoto Fukasawa. Y no hay que confundirla con el minimalismo radical que predican arquitectos como John Pawson. Si hubiera que buscar un -ismo para tratar de definir el estilo de Ive, podríamos decir que practica el esencialismo en el diseño, que está directamente relacionado con la identidad que tiene y transmite un objeto. Eso es lo importante. Jonathan lo supo cuando estaba en la escuela y descubrió el primer Mac. Era más que una computadora. A través de él pudo ver una compañía de la que entonces no sabía nada y hacerse una idea clara acerca de las personas que lo habían creado, de sus valores, de sus preocupaciones y de las cosas que realmente les importaban. Eran los años ochenta del siglo pasado y todos éramos analfabetos digitales. La profesión del diseño también ha evolucionado con el paso del tiempo y el mundo se ha llenado de diseñadores cada vez mejor preparados. Pero si hubiera que buscar uno como pareja de baile para Ive en Apple ese sería sin duda Marc Newson. De hecho, Jony, que es su amigo, ya le ha contratado. El australiano lleva años jugando en otra liga y trabajando para una clientela muy selecta que es la que se lo puede permitir, firmas como Louis Vuitton, Knoll, Hennessy o la compañía aérea Qantas, que lo llegó a tener en nómina y en exclusiva para su sector.

Ha sido un fichaje de lujo que se suma a los que hizo la compañía cuando lanzó el Apple Watch, incorporando a Angela Ahrendts junto a otros nombres relevantes del mundo de la moda. En otro ámbito está el estudio de Norman Foster, que ha proyectado varias tiendas y el Apple Park, la nueva sede de la empresa que tiene forma de anillo. Eso es lo que se conoce, porque por el departamento de diseño del gigante tecnológico, el lugar donde las ideas de los ingenieros se convierten en productos, han pasado también otros grandes diseñadores de forma anónima, para participar en el desarrollo de proyectos concretos o como consultores. Philippe Starck visitaba con asiduidad a Steve Jobs y su firma solo está en el barco que diseñó para él. Pero ninguno ha hecho sombra a Jonathan Ive, que lleva muchos años al frente de ese departamento, trabajando con un equipo de 18 a 20 personas, muy reducido en comparación, por ejemplo, con el millar de diseñadores que Samsung tiene repartidos por todo el mundo en diversos centros de investigación. El modelo de trabajo de Jony es mucho más artesanal, algo que, como su obsesión por la precisión y el detalle, quizás pudo haber heredado de su padre, que tenía un taller de orfebrería. Y el lugar donde trabajan, como es lógico, es el que tiene mayor secretismo, con una seguridad muy alta y el acceso vetado no solo para los visitantes, también a los propios trabajadores de la empresa, incluidos importantes ejecutivos.

Después de haber llegado a lo más alto, basta decir que en Silicon Valley le llaman iGod, y haber recibido toda clase de reconocimientos oficiales, incluido el honor de ser Caballero de la Orden de Imperio Británico, Sir Jonathan Ive ha decidido que ya es hora de hacer un cambio. Dejará Apple para independizarse y montar su propia empresa junto con Newson, que se llamará LoveFrom. Ha dicho que no los abandonará y seguirá trabajando con ellos en algunos proyectos. Que nadie se preocupe si no lo cumple, porque en la esencia, como Jobs, nunca se irá. Ambos han sido una parte muy importante, sino la fundamental, del alma de esa gran compañía y han dejado una filosofía sólida que sus gestores presentes y futuros querrán mantener. Al menos mientras no decaiga el negocio. La libertad creativa también tiene su precio, pero sin ella no hay evolución. Jony siempre ha dicho que hacer algo nuevo y verdaderamente innovador requiere que rechaces la razón. Y se ha puesto otra vez manos a la obra. / RU

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