Óscar es el protagonista de la campaña de promoción comercial de la empresa de servicios digitales para artes gráficas AMM. Una promoción dirigida a captar nuevos clientes que no se basa, como suele ser tradicional, en mostrar las máquinas. Eso funcionaba hace quince años, cuando se llevaba el gato al agua el que la tenía más grande, más nueva y mejor engrasada. Hoy los escáneres y la tecnología de la digitalización de imágenes ya no son de ciencia ficción y por suerte o por desgracia están al alcance de muchos, tantos que cualquiera puede enseñar una máquina y ofrecer sus servicios de pre-impresión. Ahí está el problema. El gremio ha cambiado radicalmente y sobre todo ha aumentado tanto que resulta difícil distinguir el grano de la paja. Lo que nadie imaginaba en este futuro presente era que la distinción entre lo bueno y lo malo, entre el trabajo bien hecho y el que no lo es, no la pone la máquina sino la mano que la dirige, como antaño. En eso hemos vuelto al escenario de hace veinticinco años, cuando nuestros trabajos gráficos dependían de que no le temblase el pulso a la persona que manipulaba los fotolitos.

AMM es una de esas empresas de hace veinticinco años, pionera de la tecnología digital, integrada por profesionales como Óscar, que tuvieron apresuradamente que cambiar el bisturí por el ratón y aprender a traducir los puntos por pixels. Una empresa que como todas las demás también tiene máquinas, pero que sobre todo tiene una cara muy humana y muy profesional. AMM es una empresa de siempre que sólo aspira a distinguirse por seguir haciendo las cosas bien, que está abierta a todo y que siempre cumple. Pero por desgracia sabemos que eso no basta para competir en la jungla en que se ha convertido hoy el mercado de las artes gráficas. Para hacerse notar les recomendamos adoptar una estrategia comercial más agresiva. Por eso Óscar pone cara de malo. Pero no le sale del todo bien. Cuando se pone el traje de vendedor comercial y sale a visitar a los clientes, enseguida se dan cuenta de que es sólo una imagen. Que en el fondo Óscar es un bonachón capaz incluso de dejarse manipular la cara para ilustrar su virtuosismo con el retoque fotográfico. No engaña a nadie. El buen cliente sabrá que su trabajo está en buenas manos.

Óscar es el protagonista de la campaña de promoción comercial de AMM.

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