Texto sobre el derecho de autor y la protección del diseño, publicado en el nº 331 de la revista Diseño Interior.

Aunque parezca mentira el diseño es todavía analfabeto en lo que se refiere a la protección de sus derechos. La Ley de Protección Jurídica del Diseño Industrial en España los desampara cuando han cumplido 25 años. Empresas españolas y europeas afectadas, también diseñadores, están litigando para solucionar un problema que afecta a todo el sector. Lo explico en este reportaje de la revista Diseño Interior de la mano de Mario A. Sol Muntañola, socio principal de un bufete especializado en propiedad intelectual e industrial que cumple tres décadas defendiendo a los creadores y lo celebra con la publicación de un libro.

En 2003 me metí de lleno en el espinoso mundo de las copias y las coincidencias con la realización del libro y de la exposición COCOS. En compañía de Juli Capella y en defensa de la innovación en el diseño. Era la primera vez que se abordaba el tema desde la profesión de una manera seria, quisimos hacerlo a conciencia y nos asesoramos bien. De esta forma conocimos a Mario A. Sol Muntañola. Le invitamos a participar en la publicación para dar una respuesta concreta y profesional a dos cuestiones básicas: ¿qué se debe hacer para proteger un diseño? y ¿qué se debe hacer para perseguir al que copia un diseño? Con él y otros expertos abordamos los fundamentos de la protección de la autoría y aprendimos a diferenciar una patente de un modelo de utilidad y de un dibujo industrial. Con todo ello no pretendíamos convertirnos en paladines de la originalidad ni en jueces de nada. Fuimos conscientes de que éramos analfabetos del derecho de autor y trabajamos durante más de un año para sacar a la luz, de una forma simpática, un problema que viene de lejos y tiene diferentes consecuencias.

La económicas se pueden cuantificar. Entonces se calculaba que entre el 5 y el 7 por ciento del comercio internacional se realizaba con productos pirateados y la factura de las falsificaciones suponía para las empresas dejar de ganar anualmente entre 200.000 y 300.000 millones de euros con un coste social de aproximadamente doscientos mil puestos de trabajo. No tengo los datos actuales, pero seguro que con el paso de los años esas cifras han aumentado y el problema se ha agravado porque tiene además ramificaciones mafiosas. Y hay que plantarles cara. A muchos les puede hacer gracia ponerse un Trolex en la muñeca o vestirse con un polo Lacoste luciendo un precioso cocodrilo falso, pero si tira del hilo con el que está tejido probablemente llegaría a la explotación en todas sus expresiones, la de mano de obra infantil en un extremo y la migración ilegal en el otro. Poca broma. En otros casos las consecuencias son menos sangrantes, pero también dolorosas. En treinta años de actividad profesional Mario ha visto y ha combatido a toda clase de amigos del talento ajeno. En su libro se recogen los mejores casos y entre ellos hay algunos que me han afectado personalmente.

Una de las cosas que aprendimos elaborando un mapamundi de las copias fue que no todas se fabrican en Asia. Se copia igualmente en Europa y también en España. En mi caso particular fue el diseño de la colección de lámparas Inout, producida por Metalarte, una empresa histórica de Barcelona, que un mal día apareció replicada en el catálogo de un fabricante de plástico valenciano cuyo nombre no citaré siguiendo el consejo de Mario, pero que se puede buscar fácilmente por Internet. Presentamos la correspondiente demanda ante un juez de Valencia, que la despachó sin pestañear, porque según él los productos en litigio no eran idénticos. No recuerdo quienes fueron los abogados de Metalarte y no se si con Sol Muntañola nos hubiera ido mejor, porque estos casos ponen en evidencia que nos queda mucho por hacer. Es un COCO clásico. Cuando alguien diseña un producto de éxito y otros imitan el modelo, que está registrado legalmente, pero lo hacen modificando en mayor o menor grado su forma. “La imitación es la más sincera forma de adulación”. Lo dijo C.C. Colton, pero no sirve de consuelo.

El engaño duele todavía más. A los que somos de naturaleza confiada, cuando un editor nos elige para hacer un libro lo último que pensamos es que quien hace el encargo te puede estafar. No vas corriendo al registro de malvados ni analizas el historial de sus sociedades. Confías. Pero esa palabra no está en el vocabulario de Mario, porque ha visto infinidad de veces como se la ha llevado el viento. En mi caso, el editor, literalmente voló. En 2004, entre otros trabajos, ideé, escribí y diseñé gráficamente un libro titulado “Sex Design” para la empresa Ediciones de Ayer y Hoy S.L. con el sello de Línea Editorial. Para no hacer largo el relato lo resumiré explicando que cuando la imprenta los acabó de imprimir mi cliente fue a recogerlos y se esfumó. Sin pagar a nadie. Lo peor vino después, cuando el sujeto comenzó a vender los derechos internacionales del libro, sin ninguna autorización, a otras editoriales como DAAB en Alemania o HarperCollins en Estados Unidos. Con mi nombre en la portada al principio y tras los correspondientes requerimientos, cambiándolo por el de otro autor ficticio. Así de fácil. Parece una burda picaresca del siglo XVI, pero nos hizo sudar tinta durante un tiempo.

Lo que nos pasó en BD Barcelona Design, la editora de mobiliario de la que soy director artístico desde hace más de veinte años, también parecía rozar el absurdo. Una empresa importante del sector, Amat-3 Internacional S.A., suspende pagos en 2010. Pepe Cortés recupera uno de sus diseños más famosos, el taburete Jamaica, producido por esta compañía, y lo adoptamos en el catálogo de BD. Cuando la empresa entra en liquidación llega un tercero, compra sus moldes al peso, entre ellos el del taburete, y se pone a fabricarlo y comercializarlo sin pedir permiso a nadie. Aunque parezca mentira no les hacía falta, porque en nuestro país los diseños en general no están protegidos por el derecho de autor y transcurridos 25 años pueden quedar a merced de cualquier depredador. Es un problema serio que merece la explicación cualificada y detallada del abogado especializado. El caso es que, tanto a Pepe como a BD, que son Premio Nacional de Diseño y tienen toda la credibilidad del mundo, les costó casi dos años de esfuerzo que un juez decidiera que lo que se estaba haciendo no era normal. Dos años de pérdidas económicas y de mal rollo defendiendo lo que es obvio. Por suerte ambos casos acabaron favorablemente porque eran de libro, valga la redundancia, y porque estábamos bien asesorados. El editor de Sex Design fue condenado por el juez y el taburete seguirá perteneciendo a su legítimo autor.

Aunque se logre una sentencia favorable estos finales nunca son felices. A todos nos han hecho alguna vez una mala pasada, pero no todos la combaten y casi nadie lo cuenta, por vergüenza o porque si dejamos ver que hemos sido engañados pensamos que por ello vamos a ser más débiles. Yo creo que no, porque callar solo beneficia al infractor. Si todos publicásemos lo que nos han hecho, con un trasfondo pedagógico, pero también con un fin reivindicativo, podríamos evitar que otros puedan pisar el mismo charco, y con el tiempo conseguir que no haya más charcos y lagunas legales en la protección de nuestros derechos. Cualquier diseñador emergente que comienza ya tiene bastante trabajo con sobrevivir como para poner en duda una mano que le vaya a dar de comer. Es frágil. No tiene recursos para contratar un abogado que le asesore y deberían tenerlo de oficio a través de las asociaciones profesionales. El colectivo de los diseñadores y los que se dedican a las profesiones creativas en general, arquitectos incluidos, es uno de los más desprotegidos, o el que más, porque la creatividad, las ideas, es una mercancía tan intangible que no siempre se valora. / RU

Texto sobre el derecho de autor y la protección del diseño.