Reportaje sobre los montajes, interiores y arquitecturas de Dani Freixes para el número 9 de la revista Frame. Incluye comentarios sobre una selección de 20 de sus obras.

De pequeño se pasaba muchas horas jugando con el espejo de tres piezas que su padre, sastre de profesión, utilizaba para probar los trajes a sus clientes. “Así aprendí a reconocerme”, recuerda Dani Freixes. Ahí nació su interés por los espejos, siempre presentes en sus trabajos. Al igual que la luz, que la considera como un material básico para construir sus proyectos. “Su inmaterialidad, su forma expansiva, su capacidad de colorear los espacios, su flexibilidad como definidora de contornos, su utilización como dibujadora de sombras, su virtud para jerarquizar y cualificar la percepción de los elementos arquitectónicos o lo recorridos, confieren a luz una inacabable fuente de expresión”.

Combinando sabiamente estos dos componentes tan intangibles, la luz y los reflejos, este barcelonés nacido en 1946, que trabaja junto con Vicente Miranda, Eulalia González, Pep Anglí y Vicenç Bou en el estudio Dani Freixes & Varis Arquitectes, se ha convertido con el tiempo en un interesante arquitecto; en uno de los mejores interioristas españoles; y, sin duda, en el más fino especialista en el diseño de exposiciones y montajes efímeros. El secreto de su éxito en esta especialidad consiste en no limitarse a hacer sólo una exposición: sus montajes se desarrollan siempre a partir de un estudiado guión y explican una historia que Freixes escenifica hábilmente empleando toda clase de recursos, algunos de ellos casi mágicos. Es lo que se puede esperar de un arquitecto al que lo que siempre le ha interesado realmente más en la vida han sido la poesía y la filosofía.

Ilusiones de luz y reflejos
Freixes se metió en el mundo de los montajes casi por casualidad, a partir de un interés por el teatro y la escenografía que nació en él nada más finalizar los estudios de arquitectura y después de haber estado recorriendo el país durante un año con una compañía teatral de marionetas. “Con ellos aprendí la materialidad de las cosas y la importancia del público”. A la vuelta, en 1971, proyectó su primera exposición. Se trataba de una muestra de juguetes que el público visitaba sentado en unas sillas de colores que tenían alas y se desplazaban sobre ruedas. El montaje apenas duró unas horas, porque sus responsables temían que los visitantes pudiesen robar los juguetes, ya que no estaban protegidos dentro de vitrinas.

Seguramente ese fue el más efímero de todos sus montajes. Y han sido muchos los que ha realizado a lo largo de su carrera. Algunos de ellos especialmente memorables y espectaculares, como la exposición 100 años con Mariscal, realizada en 1988 dentro de la inmensa bodega de un barco carguero ruso anclado en el puerto de Barcelona; o la exposición Tierra! dentro del Pabellón de la Navegación del Expo’92 de Sevilla, por la que pasaron nada menos que 13.000 personas al día: la exposición más visitada hasta ese momento en España había sido una sobre Velázquez en el Museo del Prado que congregó 6.000 personas diarias.

Sencillos o ambiciosos, todos sus montajes son arquitecturas efímeras que han quedado en el recuerdo de quienes los visitaron. “El grado de éxito de una exposición no se mide mirando la cantidad de gente que entra sino el grado de satisfacción a la salida. Para lograr que 13.000 personas al día puedan distraerse, disfrutar y aprender algo nuevo, salvando diferencias de nivel social y de edad, tiene que haber una parte de teatro y otra de museo, además de una tecnología que permita administrar milimétricamente los tiempos de percepción”. Esa es la receta que Freixes aplica en todos sus montajes, aderezada con un amplio repertorio de recursos sacados de la luz y de la magia virtual de los espejos. “El espejo es un íntimo colaborador. No es un objeto. La forma de sus límites no es lo que interesa. Su virtud es que pueda completar lo que está incompleto, que pueda mostrar lo que está oculto, que pueda multiplicar lo que se quiere exagerar o que puede inventarse nuevas y ordenadas geometrías”.

La ficticia sala de columnas de El Islam y Cataluña, que es su montaje más reciente, o las intervenciones museísticas como las del Museo del Cinema de Gerona o del Museo Marítimo de Barcelona, ilustran esta personal manera de concebir y proyectar la muestra de la cultura. ”Los museos están cambiando. Originalmente fueron concebidos como herramientas para conservar el pasado, después sirvieron para interpretarlo y comprenderlo, y ahora sirven además para soportar la necesidad de ocio del presente. Y se avecina que serán herramientas para proyectar el futuro”. En culturas anteriores los museos eran la despensa de cultura para una minoría de gente. Actualmente los usuarios de los museos son masivos, de diferentes edades y origen social. “Generalmente es gente que tiene más información que conocimientos. Y ahora la posibilidad de disfrutar en una exposición o en museo pasa por una difícil competencia con el espectáculo que ofrecen otros medios de difusión como pueden ser la TV o los parques temáticos. Pero esa gente todavía no ha perdido la expectación que provoca la visión del material original y sobre todo de las 3 dimensiones”.

Parece ser que Dios creó el día y el hombre la noche
Cuando oscurece, la ciudad deja de ser una fábrica, un almacén, una oficina o un comercio, para convertirse en un gran teatro. “La ciudad que de día emerge con su arquitectura desmesurada, banal, desordenada, anónima, vacua y en algunos casos analfabeta e ignorante, de noche renace con un nuevo maquillaje. Todo aparece ordenado de otra manera, y la sutileza de un grafismo luminoso o la parsimonia del ritmo de las farolas confiere al paisaje un orden más preciso y un desorden más sugerente. La luz define los límites de un territorio vivido y lo cualifica”.

Dani Freixas es un profesional pluridisciplinar que en todos los campos de su actividad emplea criterios similares de proyecto. La misma luz que utiliza como material básico para temporizar y ayudar a percibir los espacios de una pequeña exposición, le sirve también para definir toda una escala urbana. Ya sea mediante torres de iluminación de gran altura, como las que colocó en los parques del Clot y Viladecans; construyendo edificios que por la noche se transforman y convierten en auténticas lámparas, como el de la nueva Facultad de Ciencias de la Información Ramón Llull; o simplemente instalando elementos de señalización, como los mástiles y cubos de vidrio que ha colocado en una de las zonas turísticas del puerto de Barcelona, y que constituyen un buen ejemplo de la utilización de la luz como marcador del territorio además de soporte de información.

En ese repertorio no podían faltar los locales de ocio y restauración. Los bares y restaurantes que tanta fama han dado a la ciudad de Barcelona y que para el estudio de Dani Freixes han sido también uno de los mejores escaparates para su trabajo. Este es un tema que en su conjunto refleja su manera de entender tanto la arquitectura como el interiorismo, y donde es constante la experimentación en torno a la percepción del espacio, el control de la luz o las sensaciones visuales y táctiles.

“En 1979 realizamos nuestro primer restaurante, el Sukursaal, donde se prestó especial atención a la iluminación, elemento clave de su interiorismo. Proyectamos una lámpara de araña lineal, una rara especie de ciempiés luminoso que, además de proporcionar una luz de especiales cualidades, suponía una presencia que caracterizaba al local. En 1982 realizamos el bar 33. Colocamos un espejo y un altillo virtual en su techo, de manera que el local parecía ser el doble de alto, y acabamos distorsionando la percepción visual del espacio tratando la barra como una gran lámpara. Este lugar ya no existe, cosa frecuente en las obras de interiorismo. Sin embargo, las ideas que lo configuraron sobrepasan la longevidad”.

El que todavía perdura es el bar Zsa Zsa, que abrió sus puertas en 1988. Un espacio mágico que ilustra como ningún otro las inquietudes y el talento creativo de Freixes. Está situado en un local profundo de planta rectangular, interrumpido, junto a la calle, por el volumen que contiene la escalera de vecinos del edificio. “Las paredes longitudinales se realizaron en vidrio dando lugar a dos grandes cámaras laterales destinadas a almacén. De estas dos cámaras, la destinada a material sin interés visual funciona como lámpara, gracias a una chapa de abedul adosada tras el vidrio, mientras que la otra, actúa como vitrina y aloja toda la reserva de botellería selecta. Las paredes de vidrio aíslan acústicamente el local, pero también se constituyen en elementos reflectores para el sonido. Para compensar tal efecto, las paredes que limitan con la escalera de vecinos están forradas con un collage de alfombras clásicas. Las alfombras incorporan su cualidad gráfica en los muros, dotando de cualidades táctiles a un volumen que parece haber irrumpido e invadido una parte del local. Se apostó por las formas puras, dando prioridad a la nitidez del reflejo en las paredes laterales e intentando no duplicar gestos formales. Esta misma actitud fue la que nos llevó prácticamente a no diseñar nada más y utilizar elementos de serie para resolver los temas de mobiliario. La mutabilidad del espacio se consigue a partir de la luz: se programaron seis secuencias distintas que convierten las paredes laterales de vidrio en espejos, lámparas o vitrinas, según sean las intensidades de las luces situadas en sus dos caras, dentro de las vitrinas o en el centro del local”.

Una secuela del Zsa Zsa (que al igual que el resturante Sukursaal y el bar 33 mereció el Premio FAD de Interiorismo, el más importante que se concede en España), diez años después, es el restaurante Nodo de Madrid, convertido en el local de moda desde su reciente apertura. No ha sido ésta la primera obra de Freixes en la capital española. Su buen hacer, que no ha pasado desapercibido fuera de Barcelona, comienza a ser reclamado también en otros países. Realizó el bar Dietrich’s en el hotel Hyatt de Berlín y actualmente está trabajando en proyectos museísticos y de exposiciones en el País de Gales, Francia e Italia. / RAMÓN ÚBEDA

DIOS CREO EL DÍA Y EL HOMBRE LA NOCHE (Bares y restaurantes)

1. Restaurante Sukursaal.
Fue uno de los primeros proyectos de Dani Freixes y Vicente Miranda, a finales de los años 70. En este restaurante, que en la actualidad todavía existe (ahora se llama Senyor Parellada), ensayaron un tipo de iluminación que en aquel tiempo era desconocida en Barcelona y que pronto se convirtió en su seña de identidad.

2. Bar 33.
Otro de sus primeros ejercicios de luz y efectos visuales. El techo de la entrada de este pequeño local, actualmente desaparecido, se exageró mediante un espejo que duplicaba la sensación de altura y también las dos medias circunferencias de neón que construían su nombre.

3. Bar Zsa Zsa.
En plena época dorada de los bares de Barcelona, a finales de los años 90, Freixes se inventó el Zsa Zsa, un espacio mágico que se transforma cuando menos se espera. Ese efecto se consigue gracias a la luz, programada en seis secuencias distintas, que convierten las paredes laterales de vidrio en espejos, lámparas o vitrinas, según sean las intensidades de las luces situadas en sus dos caras, dentro de las vitrinas o en el centro del local.

4. Bar Seltz.
Este local de aperitivos y tapas abrió sus puertas en 1992, el año olímpico de Barcelona. Su pared lateral, y también una parte del suelo, se convirtió en una gran lámpara-anuncio de más de cien metros cuadrados de superficie que reproduce un montaje gráfico realizado con marcas de vermut.

5. Restaurante Màgic Barça.
Los interiores que se transforman y los grandes planos de luz son también protagonistas en este restaurante temático del Fútbol Club Barcelona, un gran espacio escénico de colores azul y grana donde los hinchas pueden comer entre videoproyecciones, imágenes superpuestas y efectos escénicos relacionados con los símbolos que representan al club.

6. Restaurante NODO.
Este restaurante de Madrid es uno de los trabajos más recientes y de mayor éxito del equipo de Dani Freixes. Puede considerarse como una secuela, después de diez años, del Zsa Zsa. La madera se utiliza también aquí como lámpara y difusor de luz.

 

ESCULTURAS LUMINOSAS (Comercios)

7. Tienda Gasull.
Dentro de una antigua fábrica de aceite ubicada en un bello edificio modernista de la ciudad de Reus se habilitó un espacio como tienda abierta al público. El elemento principal de la reforma es esta escultórica lámpara realizada con el propio aceite.

LÁMPARAS EN LA CIUDAD (Arquitectura y elementos urbanos)

8. Parque del Clot.
En este parque Freixes utilizó por primera vez las torres de iluminación de gran altura, que actúan como elemento de ordenación y monumentalizador del espacio urbano.

9. Parque de Viladecans.
Este otro trabajo urbano profundiza en los conceptos y la experiencia del parque del Clot. Aquí las torres de luz definen los límites del recinto y el ámbito del parque.

10. Port Vell.
Un estupendo ejemplo de cómo se puede proyectar la ciudad como si fuera un interior. Cómo la utilización de la luz puede servir para definir un espacio (el de una zona turística del puerto de Barcelona) y también funcionar como soporte de información.

11. Facultad de Ciencias de la Información.
La arquitectura como lámpara. El edificio proyectado por Dani Freixes para la Facultad de Ciencias de la Información Ramón Llull (una de las nuevas universidades de Periodismo de Barcelona), tiene, como otros de sus trabajos de interiorismo, la capacidad de transformarse.

 

ILUSIONES DE LUZ Y REFLEJOS (Exposiciones)

12. Un siglo de joyería y bisutería española.
Una exposición de joyas y bisutería en Palma de Mallorca. El montaje pretendía que no todas las joyas se pudieran ver al mismo tiempo (porque la visión de una joya es como un fulgor). Dani Freixas las colocó en un gran estuche de espejo (de 60 metros lineales) que daba la sensación de flotar en el aire. Mediante una iluminación temporizada y un vidrio espía (luna reflectante) se hacían aparecer y desaparecer secuencialmente las piezas.

13. “Tierra!”.
La del Pabellón de la Navegación fue la gran exposición de la Expo’92 de Sevilla. Un despliegue de recursos escenográficos sin precedentes que necesitó de dos años de preparación. Especialmente espectaculares resultaban la vitrina, que se podía pisar, de 600 metros cuadrados, y los efectos de aparición y desaparición de una visión: gracias a la magia de la luz y los espejos, la bodega de un galeón (barco), inicialmente vacía, aparecía de repente repleta de fardos, cajas, botijas y sacos.

14. El Gran Hotel.
Esta muestra tenía como objetivo recrear diferentes estancias de un importante edificio de Palma de Mallorca que había albergado el Gran Hotel. Como el mobiliario original del antiguo comedor se había perdido, se recurrió a un truco para recrear el ambiente de ese espacio en el pasado: con algunos candelabros y piezas de cubertería que se pudieron recuperar, se montaron tres mesas dentro de una vitrina de poco más de un metro de profundidad. Situando un espejo espía en el plano del espectador y otro normal en el fondo y los laterales de la vitrina, se produce el efecto mágico de la repetición.

15. El mundo del Cister.
Un truco especular parecido al del Gran Hotel lo utilizó Dani Freixes en la exposición del Monasterio de Santes Creus. A partir de un solo pupitre de escribano se recreaba el ambiente original de una de las salas del monasterio.

16. Museo del Cinema.
En este nuevo Museo de la ciudad de Gerona se mezclan escenografías, decorados y viejas máquinas de cine que, gracias a falsas proyecciones, parecen funcionar todavía.

17. El Dublín de James Joyce.
Una exposición del centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) que forma parte de un ciclo dedicado a las ciudades y sus escritores.

18. Las Lisboas de Pessoa.
Pertenece también al mismo ciclo sobre las ciudades y sus escritores. En esta ocasión el tema era la Lisboa de Pessoa, ilustrada mediante un cerramiento muy etéreo construido con sábanas. Una solución muy simple que permitía realizar sugerentes juegos de transparencias, de luces y sombras. Paredes textiles sobre las que se escribían palabras con luz. Dani Freixas empleó también aquí otro tipo de ilusión visual: las “anamorfosis”, un efecto especular que consiste en un cilindro espejado sobre el que se refleja una imagen proyectada en el suelo.

19. De la barca a la compañía.
Montaje permanente en el Museo Marítimo de Barcelona que muestra el esplendor de la Barcelona marítima entre los años 1750-1850. Además de juegos de reflejos y efectos de luz, Dani Freixes recurre aquí también a las proyecciones sobre pantallas móviles. Una sugerente manera de iniciar el recorrido por la exposición.

20. El Islam y Cataluña.
Su montaje más reciente es una buena muestra de cómo se puede explicar la historia a base de poemas visuales. Los efectos especulares sirven de nuevo para recrear aquí una sensación espacial ficticia en la sala de las columnas.

Reportaje sobre los montajes, interiores y arquitecturas de Dani Freixes.

Trabajos relacionados

Trucos de maestro

Diseño Interior, 1998

Una selección de los mejores recursos escenográficos de Dani Freixes.