Texto de presentación para el catálogo de la exposición “Mariscal 1970 / 2003. Una visión muy subjetiva”.

Han pasado diecisiete años entre la primera monografía de Javier Mariscal en la revista De Diseño y esta publicación que quedará como testimonio de su exposición en Tenerife. Curiosamente las dos tienen el mismo número de páginas, un dato que seguro sorprenderá a los que sepan de la incontinencia creativa del valenciano. Las atiborradas páginas De Diseño ya mostraban en aquel momento, cuando todavía no se hablaba de interdisciplina, las credenciales del que se iba a convertir poco después en el diseñador español más versátil y exportable, aquel que llegó a Barcelona en los años setenta a lomos del Señor de Caballito, le regaló un eslogan a la ciudad —bar cel ona— y más tarde le dibujó un perro para su fiesta olímpica, al que sacó de paseo por el mundo para acabar, como si nada, con el monopolio de Disney en el asunto de las mascotas. Porque parece que Mariscal siempre haga las cosas como si nada. Lo mismo dibuja a Fermín y Piker que le pinta un cuadro al Rey, se inventa la civilización Felici o deja olímpicamente a su perro para la historia gráfica del siglo XX, superado por la mascota travestida de la expo de Hannover.

A Mariscal le da lo mismo ponerse el traje de dibujante, que uno de pintor, de diseñador de muebles, de restaurantes o de hoteles, aunque ahora el que más le gusta calzarse es el de jardinero, para podar el huerto de Palo Alto o para plantar una escultura de pinos allá donde se tercie. Esa curiosidad suya que le lleva siempre a meter la nariz en algo nuevo, sin cortarse ante ningún encargo, sea cual sea su clase y su magnitud, es parte de su imagen de marca. Y aunque tanta promiscuidad creativa pueda proyectar a veces esa imagen algo desenfocada, bien se lo puede permitir, porque con los años Mariscal ha sabido convertir la intuición en método y las ideas en realidades: para eso creó el Estudio Mariscal. Su mayor logro en los últimos años es haber sabido rodearse de un excepcional equipo de profesionales capaz de desenvolverse con soltura por cualquiera de los ámbitos de la creación. Con semejante factoría su producción ha aumentado tanto que ya ni siquiera tendría espacio en el barco que albergó su última gran exposición. Mucho menos en una publicación de ciento y pico páginas.

Con el Estudio, Mariscal ha ganado en cantidad pero también en calidad. Sin perder por el camino ni un ápice de su característico genio para interpretar, representar, anunciar, denunciar, transgredir, sugerir, entretener, escuchar, construir y reconstruir, para interactuar con medio mundo y para acabar de interdisciplinarse sin dejar de disciplinarse. Para mostrar su trayectoria ha tenido además que echar mano de otros cuantos verbos: revisar, repasar, reflexionar y sintetizar. Para poder separar de lo bueno lo mejor./ RU

Texto de presentación para el catálogo de la exposición “Mariscal 1970 / 2003. Una visión muy subjetiva”.

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Mariscal 1970 / 2003

Ayuntamiento de Tenerife, 2003

Exposición retrospectiva de Mariscal en el Centro de Arte La Recova.